Este año, la tradición centenaria adquirió un lenguaje visual impactante. En su 168.ª visita a Barquisimeto, la imagen de la Divina Pastora apareció vestida con un atuendo inédito inspirado en la cultura popular de la región. Por primera vez en casi dos siglos de celebraciones, la Virgen dejó de lado sus tradicionales vestiduras reales para lucir un atuendo que evoca a una tamunanguera, una mujer asociada con el Tamunangue, la emblemática danza devocional afrovenezolana de la región.
El Niño Jesús la acompañó vestido con liqui-liqui y alpargatas, vestimenta clásica de los llanos venezolanos.
El cambio, anunciado en enero, llamó la atención no solo por su novedad sino por lo que representaba: un esfuerzo consciente por resaltar el vínculo inseparable entre la fe y la identidad local.
