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Por Domingo Aguilera.  Especial Navidad 2021

La Navidad para José comenzó el día en que conoció a María. Ese día José se enamoró de María y lo más importante, María se enamoró de José. Un amor plenamente humano entre ellos y a su vez con Dios. Los dos esperaban con toda su fe la venida del Mesías. Esa fecha quedó grabada a fuego en su corazón y sólo él y María saben cuándo ocurrió.

Lo más curioso es que María consideró que José complementaba la llamada que tenía de Dios Padre, su vocación, al que Ella trataba con piedad filial desde que tuvo uso de razón. Entonces  comprendió que su vocación era al matrimonio. Claro que Ella le comunicó a José su compromiso de virginidad con su Padre eterno y José lo aceptó “rompiéndose” a sí mismo y rompiendo la tradición del matrimonio judío. Era tanto el amor de José a María, tanto su deseo de estar con Ella, que supo sacrificar el placer para complacerla a Ella y a su Dios. Con ese sí de María José era muy feliz, extraordinariamente feliz. Y se casaron. Ya eran marido y mujer, sin secretos del uno para el otro sino con una plena confianza de María en José y de este con María. Ya no se separarían nunca. Ese día José inauguró el nuevo matrimonio en la fe. Otro día para no olvidar, el aniversario de la boda.

Transcurrirían unos pocos días, cuando María, que está radiante, le cuenta que ha recibido la embajada del ángel y que Ella está embarazada del Espíritu Santo. José queda turbado, no sabe qué hacer. Sabe que él no es el padre de esa criatura y que no puede apoderarse de esa paternidad. Pero ama con locura a María y con locura a su Padre Dios. Se da cuenta que ese misterio del embarazo de su esposa es divino, del Espíritu Santo y piensa que él no debe estar ahí, que no debe interferir en esos planes relacionados directamente con la venida del Mesías y decide desligarse, no repudiar a su mujer como adúltera para salvar su cara ante los familiares y amigos, sino apartarse. Estaba en esto cuando un ángel, en sueños, le dice que él es parte esencial de la venida al mundo del Salvador y lo acepta. Le pondrá el nombre que el ángel le dicta y será su padre, transmitiéndole así la descendencia de David. Otro día que José grabaría a fuego en su memoria.

Transcurridos unos nueve meses se desplaza con María a Belén. La casa en que se alojaron por la premura del parto, probablemente de un familiar, consistiría de una estancia para las personas y otra, excavada en la piedra formando una cueva, para los animales. José escogió esta última y la limpió para guardar la intimidad del parto de María. Nacimiento al que José asistiría junto a Dios Padre, Dios Espíritu Santo y los ángeles. José cogería al Niño en sus brazos y le limpiaría y le llenaría de besos. Después se lo presentaría a su mujer como verdadero padre, que lo era.  El Padre, el Espíritu Santo, los ángeles, María y José  contemplaron al Niño recién nacido. Este día José, con María, colmó todos sus enormes deseos de paternidad y de cumplimiento de la Promesa para el pueblo elegido. Sin duda el día más feliz de su vida.

El Verbo se hizo carne en María, y la carne se incorporó a la Promesa (Palabra), a través de José. ¡Es Navidad!