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Ary Waldir Ramos Díaz - publicado el 11/11/20

Cari Filii / ReL

Madrid celebra este lunes la fiesta de su patrona, la Virgen de la Almudena, que este año se ha visto afectada irremediablemente por la pandemia de coronavirus. La Eucaristía ha tenido que trasladar su celebración habitual en la Plaza Mayor al interior de la catedral. Además, en esta ocasión no ha podido celebrarse la procesión.

Pablo J. Ginés/Cari Filii

El 4 de octubre de 2004, el padre Basil Cembalista [Oreste de nombre civil], sacerdote de la orden de San Basilio Magno, católico de rito oriental, estaba limpiando un terreno lleno de maleza cerca de su monasterio en Canadá, en la región de Toronto. Y se accidentó: una rama vieja le pinchó el ojo, directamente el globo ocular.

Espontáneamente, el sacerdote clamó: “Madre de Dios, salva mi ojo”. Corrió al oftalmólogo, que le dijo que sufría de una abrasión en la córnea… pero, sin embargo, al acabar el día, estaba completamente curado.

No sólo no había perdido visión: con el tiempo, comprobó que ganaba visión, y mucho. Desde hacía 13 años su vista era muy mala, hasta el punto de que estaba recogido en su carnet de conducir. Después del milagro, al renovarse el carnet, la crucecita que marcaba sus problemas de vista fue retirada. El Ministerio de Transporte comprobó que su vista ahora era correcta. La web incluye los documentos de 2 oculistas constatando la sanación.

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Los padres basilianos han colocado una placa detallando el caso en el lugar de los hechos, que se ha convertido en un santuario mariano dedicado al agradecimiento a la Madre Dios. La placa incluso menciona al oftalmólogo que constató la curación inexplicable. Es el doctor Mathias Boermans, su oculista habitual.

Desde 2006, el sacerdote, entonces de 67 años, declaró que ya no necesitaba gafas. El padre Basil Cembalisty murió en 2018, ya con 79 años.

Las autoridades de la eparquía (obispado) de rito ucraniano en Toronto no hablan oficialmente de milagros, pero permitieron que el lugar se convirtiera en un centro de oración y peregrinación, y que se levantara allí una imagen de la Virgen. La eparquía la declara “una devoción estrictamente privada”. 

Una declaración del obispo de rito ucraniano (grecocatólico o bizantino) Stephen Chmilar afirma: “Nadie duda de que Dios y los santos responden a las plegarias de la gente. Pero nadie afirma que esto fuera extraordinario o milagroso. Si alguien afirma tal cosa, es sólo con la autoridad de quien lo haga”.

El caso es que se emplazó allí una imagen de la Virgen en mármol blanco y los basilianos arreglaron con mimo (y gracias a donativos) el jardín, de forma que desde 2005 se convirtió en un santuario mariano semi-oficial. 

Y llegaron más curaciones y milagros

Desde entonces, los religiosos empezaron a recopilar más testimonios de personas que acudían con fe y luego aseguraban haber recibido curaciones asombrosas. Hay una lista de gracias recibidas en los primeros años aquí en la web.

Por ejemplo, una mujer llamada Nadia Rosati, que 

había estado combatiendo su cáncer de pulmón, asegura que al visitar el santuario sintió un calor en el pecho. Poco después se hizo un test que constató que ya no tenía el cáncer.

Otra mujer llamada Rose Tomasone declaró que sufría de una neuropatía en los pies, pero desde que rezó en este santuario pudo caminar sin bastón, y lleva así ya años.

Otra mujer que declaró haberse sanado fue Vasilta Rosemond. A los 61 años, después de 8 años con problemas en la pierna derecha y necesitando bastón para caminar, dejó de usarlo y pudo caminar y bailar en una boda. Antes pasó 3 años acudiendo al santuario a misas de sanación y oración por los enfermos y al rezo del rosario con un grupo italiano.

Sólo en 2008 se habrían curado de cáncer, según el listadoPina Scarlato (de cáncer de pecho), Nadia Chichyk (de cáncer en ojos, huesos, hígado y pulmón), Maria Kohut, Gloria Tedesco (cáncer de pecho), Uliana Synavska y Marusia Bednarska (cáncer muy extendido).

Un lugar de flores… menos en invierno

El lugar se presenta como un jardín de flores y colorido, con escaleras que llevan al monasterio propiamente dicho, ante una imagen de Jesús. En cada árbol hay rosario. Antes de la pandemia de coronavirus, era habitual celebrar muchas devociones de mayo a octubre: procesiones nocturnas, misas de primer viernes de mes, las 2.000 avemarías, etc… El jardín cuenta también con unas estaciones de viacrucis y un crucifijo de metal y cristal multicolor.

Ante de la pandemia, incluso en el frío invierno canadiense, unas 20 personas pasaban cada día por el santuario. Podían venir también adolescentes de colegios católicos en jornadas de oración y retiros, por centenares, o para procesiones con el rezo del rosario.

El nombre del santuario es actualmente Santuario Mariano de Gratitud  (Marian Shrine of Gratitude) y está siempre abierto.

En su web, se recuerda una frase de San Basilio Magno, del siglo IV, uno de los cuatro grandes padres griegos (con San Atanasio, San Gregorio Nacianceno y San Juan Crisóstomo): “Oh, pecador, no te desanimes, acude a María en todas tus necesidades. Llámala para tu asistencia, porque es la divina Voluntad que ella ayude en todo tipo de necesidad“.