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El cardenal Osoro bendijo un pequeño templo en la Fundación Bobath, para personas con parálisis cerebral, que surgió gracias a un encuentro casual en el santuario de Lourdes

José Calderero de Aldecoa La apertura de la capilla de la Fundación Bobath, bendecida por el arzobispo de Madrid, cardenal Carlos Osoro, el pasado sábado 13 de mayo, está íntimamente ligada a la ampliación del centro de día para personas con parálisis cerebral que tiene la entidad —además de un centro de atención temprana— en la calle del Mirador de la Reina. Ambas obras tiene un marcado carácter providencial. 

Todo surgió durante un viaje privado organizado en 2020 por algunas de las familias de la entidad al santuario de Lourdes. «Allí se encontraron con un señor cualquiera con el que se pusieron a charlar en un momento que tuvieron de espera», explica Carla Galán, responsable de Comunicación de la entidad. Uno de los chicos, que responde al nombre de Manuel Mazón, tomó la palabra y le explicó que habían venido en peregrinación y que pertenecían a la Fundación Bobath. El joven, que tiene 20 años y que lleva toda su vida en el centro —entró con 6 meses—, le contó también un problema que le agobiaba: el año que viene acabaría su etapa escolar en el colegio de educación especial integrado en la fundación y, en teoría, le tocaría pasar al centro de día. El problema está en que el colegio cuenta con 82 plazas y en el centro de día solo hay 47, y, además, están todas cubiertas. «Hay que tener en cuenta que la mayoría de los chicos, como ocurre en el caso de Manuel, llevan toda la vida aquí. Además, son personas que no suelen llevar muy bien los cambios. Les podría trastornar muchísimo», confirma Galán. A pesar de ello, o se encontraba una solución o, por la falta de plazas, todos los alumnos del colegio se tendrían que buscar otra institución para continuar con su formación.

La Providencia quiso que el señor al que Mazón le contó aquella historia no fuera una persona cualquiera, sino el director de la Fundación Nemesio Díez, Joaquín Vázquez, que tomó la palabra tras escuchar al joven. «Pues no os lo vais a creer, pero soy el director de una fundación y creo que si le cuento al patronato lo que ocurre seguro que os ayudan». Así fue. La Fundación Nemesio Díez estudió el caso y decidió sufragar la ampliación del centro del día, que a partir del mes de septiembre, cuando se abra el nuevo curso, tendrá una capacidad total de 93 plazas. La única condición que puso, según confiesa la responsable de Comunicación, es que el nuevo centro tuviera una capilla, y así ha sido. El templo está dedicado a la Virgen de Lourdes, «porque todo eso ha sido posible gracias a su intercesión». De hecho, una talla de esta advocación mariana figura en el lateral derecho de la capilla, que ha sido diseñada y construida por Alberto Guerrero.

Para el artista ha sido un trabajo especial. «Se trata del primer proyecto integral que me han encargado», subraya en conversación con Alfa y Omega. También por la localización de la capilla, situada en un centro para personas con parálisis cerebral. «Desde el primer momento he intentado hacerles partícipes del desarrollo». De hecho, Guerrero se reunió con algunos de los chicos de la Fundación Bobath y fueron ellos los que sugirieron la rampa de acceso al presbiterio o que se colocara alguna cita en la pared, aunque fue Guerrero el que buceó en la Biblia para dar con la adecuada: «Todo es posible para el que cree» (Mc 9, 23).

La espasticidad en común

Otros elementos son más cosecha del artista, como la menor altura del altar, «para que los chicos puedan ver mejor lo que ocurre durante la Misa», o como el cuadro de Cristo que hace las veces de retablo, que «está basado en los datos que aparecen reflejados en la Sábana Santa», reconoce Guerrero, que lleva años estudiando esta reliquia. Por ello, las marcas de los clavos no aparecen en las manos de Jesús, sino en sus muñecas, como en el hombre de la Síndone. «Esto provocó a Jesús la contracción de los pulgares», un detalle que ha facilitado la identificación de estos niños con Él. Muchos sufren espasticidad y tienen los dedos igualmente contraídos. «Les hice caer en la cuenta de este detalle para que se dieran cuenta de que el Señor había pasado por eso y que, así, pudieran convencerse de que Dios se ha hecho uno de nosotros, concretamente uno de ellos», concluye el artista.