Esta web usa cookies operativas propias que tienen una pura finalidad funcional y cookies de terceros (tipo analytics) que permiten conocer sus hábitos de navegación para darle mejores servicios de información. Si continuas navegando, aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración, desactivarlas u obtener más información.

Estas reflexiones sobre la Santísima Virgen María por parte del Primado del Milenio de Polonia son dignas de consideración y de recuerdo

Sabemos que el cardenal y siervo de Dios Stefan Wyszyński fue un gran devoto de la Santa Madre y él mismo fomentó la adoración mariana. Por tanto, merece la pena revisar sus sabias observaciones sobre la Madre de la Iglesia.

Publicamos unas cuantas reflexiones del cardenal Wyszyński sobre María:

 
  • No deberíamos temer que María se eleve por encima de Cristo. Ella siempre Lo lleva antes de Ella.
  • Si quieren que sus vidas sean fructíferas, asócienlas con la Virgen Madre de Dios, Madre de Cristo y de Su Iglesia. Sus vidas producirán entonces una cosecha centuplicada.
  • ¡Los brazos de la Madre son tan necesarios en la angustiada Iglesia y toda la angustiada humanidad!
  • La atención de la Madre centrada en la necesidad humana en Caná de Galilea, la servicial fraternidad de Jesús, son el secreto que comparten los Dos. Nadie desentrañará nunca este secreto… Puedes prepararlo todo, tener el agua y las vasijas dispuestas, pero la transformación es la obra de la acción discreta de Jesús y de Su Madre, que Le asiste. Así es como se produce la transformación del “agua” de nuestras acciones en el “vino” de la gracia.
  • María realiza apariciones ocasionales en el mundo para abordar el sufrimiento y la angustia humanos. Ella desea ayudarnos. Todo lo que espera de nosotros es permanecer a Su lado y mantener nuestra vigilia, para ayudarla en el cumplimiento de la tarea que Ella ha de completar en la Familia humana.
  • María es Madre, Reina y Sierva. Igual que toda mujer, suponiendo que siga su vocación según el plan Divino, es madre, reina y sierva a lo largo de su vida.
  • Quizás pienses a veces que todo en tu interior está muerto, que no hay esperanza ni ayuda a la vista y que incluso Dios está mudo. Estos son los momentos en que María permanece firme a nuestro lado. No solo permanece firme a los pies de la cruz de Cristo, sino también ante la cruz de cada uno de nosotros. Ella es nuestra única Esperanza.
  • Es vital que no nos encerremos dentro de nosotros mismos, dentro de nuestras estrechas identidades, sino que nos acerquemos y salgamos el encuentro de Dios, como el Hijo que fue al encuentro de la voluntad de su Padre, como María de Nazaret fue al encuentro del Hijo de Dios. ¡Sigamos el camino, pues!
  • Al escuchar los testimonios de supervivientes de campos de concentración, al leer las memorias de los obligados a vivir en la lejana Siberia, en la tundra y en la taiga, al oír las confesiones de los que sufren, de los enfermos y los angustiados, de quienes están perdiendo el espíritu y la fe, somos golpeados constantemente por una verdad: en lo más hondo de la angustiada alma polaca hay un titileo de esperanza, la creencia en que María no abandonará a nadie.
  • Ya que Cristo deseó que Su Madre María permaneciera firme bajo la cruz, Él nos aseguró con ello que toda persona que permanezca bajo la mayor cruz de su vida junto a la Beata Virgen María nunca abandonará a Cristo.
  • Cristo deseó que María estuviera a nuestra disposición, por así decirlo. Tenemos derecho a convocarla: ¡Madre! La Iglesia tiene una Madre, la Madre de Cristo y la Madre de la Iglesia, lo cual implica que es Madre de todos nosotros. Este es el misterio de nuestra pertenencia a una única familia.
  • Quienes veneran a la Madre de Cristo son los primeros en ser alzados a la gloria de los altares.
  • El enemigo sabe dónde está la fuerza de la Iglesia y de toda la Familia humana. El enemigo sabe que el mundo necesita especialmente a María hoy en día y por eso Ella está siendo el objetivo. Pero, al asestar sus golpes, el enemigo muestra que Ella es, sin duda, invencible.
  • Debemos aprender de nuestros enemigos dónde yace la fortaleza de la Iglesia, de las naciones y de la humanidad.
  • La alegría de la Madre de Cristo está mezclada con ansiedad y sufrimiento. Ella tuvo que ser testigo de la tragedia del Calvario, aunque la pena de María se convirtió en la dicha de la Resurrección. Nuestras penas, también, se convertirán en alegría algún día.
  • ¿Quién de nosotros no tendría mucho que decir sobre la ayuda ofrecida en su vida personal, familiar y social? Ella es la Intercesora de todas las gracias posibles, una Madre atenta y sensible, María, la Madre de Dios y la Madre del pueblo.