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Cada vez que rezamos el Ave María invocamos a la Virgen como “Madre de Dios” para que interceda por nosotros. Este es sólo un ejemplo de la importancia de la solemnidad que se celebra este 1 de enero, la “Theotokos”.

Monseñor José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, y persona muy devota de María ya explicaba que “ese título, el de María, Madre de Dios, es la clave de la mariología. El resto de los dogmas marianos, el de la virginidad perpetua, el de la asunción a los cielos, el de la Inmaculada son consecuencias de esa afirmación”.

Para profundizar más en este misterio mariano, el obispo vasco explicó recientemente por qué la maternidad espiritual de María es universal. Lo hacía en las explicaciones que Munilla hace periódicamente del Compendio del Catecismo.

Madre de Dios y Madre de todos los hombres. Ambas están unidas. Munilla señaló que probablemente uno de los motivos por los que Dios quiso que Santa María sea “siempre virgen, es para que en ese único hijo nos pudiésemos incluir todos, toda la humanidad. Todos nosotros somos hijos de María”.

Citando a San Luis María Grignion de Montfort, que dijo que “María es como un molde en el que nuestra alma se configura a Jesucristo”. Por ello, el obispo señaló que si en la Virgen “se configuró Jesús, si nosotros nos introducimos en el corazón de María, nos conformamos a Jesús teniendo a María como madre espiritual de nuestra vida”.

Del mismo modo, Munilla recordó el Evangelio de San Juan cuando al pie de la cruz Jesús dijo: “‘Mujer ahí tienes a tu hijo. Hijo, ahí tienes a tu madre’.

“En ese momento, María recibe la encomienda explícita de la maternidad divina, de esa maternidad espiritual”, aseguró el obispo. Y es que así fue como María “pasa de la maternidad divina de Jesucristo a la maternidad espiritual de todos los seguidores de Jesucristo. Esa gran encomienda que María ha recibido la está cumpliendo continuamente, en su intercesión por nosotros, en su cuidado espiritual por nosotros”, afirmó.

En su explicación, el obispo de San Sebastián indicó también que esta maternidad espiritual de María también se puede ver en “revelaciones privadas” en las que da importantes mensajes para toda la humanidad.  De hecho, son numerosas las apariciones que se han producido en estos últimos veintiún siglos.

Recordando específicamente la aparición a Santa Bernardette en Lourdes, Munilla aseguró que esto recuerda “por qué el Evangelio es para los sencillos” en un momento “en el que Francia había dado la espalda al Evangelio” con el racionalismo.

También en Fátima –señaló Munilla- María intervino “cuando el comunismo está arreciando y en Fátima vuelve a mostrarse como esperanza de la salvación del mundo”.

Con estos ejemplos citados anteriormente, el obispo dijo que “María está siendo fiel a la gran encomienda: ‘Ahí tienes a tu hijo, cuídalos a todos’”.

En su opinión, “esas revelaciones particulares no son sino como la punta del iceberg, que visualiza algo que es mucho más lo que no vemos, las continuas intervenciones de María que en su maternidad está cuidando de todos y cada uno de nosotros”.

En su catequesis, el prelado vasco recordó otro episodio del Evangelio, concretamente el de las Bodas de Caná, cuando la Virgen interviene y Jesús le dice: “Mujer, ¿qué tienes tú que ver conmigo?”, porque todavía no había llegado su hora.

Para explicar este momento, Munilla utiliza a San Agustín. Según el obispo de San Sebastián el gran santo explicaba “que todavía no era la hora en la que le iba a encomendar ser madre de todos nosotros y de cuidar de todos nosotros. Llegada esa hora, la hora de la maternidad espiritual de María, su hijo le dirá: ‘Esta es tu hora madre, cuídalos a todos, yo te los encomiendo’”.

“En definitiva, María tuvo un único hijo: Jesús, y en él nos tuvo a todos nosotros. Todos nosotros somos Jesús para ella. María te mira a ti con el mismo cariño y amor que le miró a su hijo Jesús y nosotros queremos pagarle a ella con la misma ternura, con el mismo amor que Jesús miró a su madre”, agregó Munilla.

Y para acabar aseguró que “nosotros podemos también participar de esa maternidad que vivió Jesús con ella, esa relación maternal, para también nosotros decir con pleno sentido: ‘Mamá, Madre Nuestra’”, concluyó.