Por Cari Filii viernes, 16 de enero 2026
La devoción a Nuestra Señora de Arabia, hoy profundamente arraigada en la Península Arábiga, es fruto de más de siete décadas de historia. Su imagen, venerada por católicos de múltiples nacionalidades que viven en el Golfo, se ha convertido en un símbolo de unidad y esperanza en una región donde el cristianismo se practica con discreción.
Este año, la solemnidad volvió a celebrarse en Baréin y en todo el Vicariato Apostólico de Arabia del Norte, presidida en Awali por el obispo Aldo Berardi el 10 de enero. En el resto del Vicariato, la fiesta tendrá lugar este 17 de enero.
La devoción nació a mediados del siglo XX, cuando los carmelitas descalzos llegados desde Irak comenzaron a atender a la creciente comunidad católica de Kuwait. Aquellos fieles —trabajadores, familias y migrantes— buscaban un punto de referencia espiritual en un entorno culturalmente distinto. Los carmelitas introdujeron entonces una imagen mariana destinada a acompañar y unificar a los católicos dispersos por el Golfo.
La primera representación venerada fue una litografía de la Virgen del Carmen, inspirada en una estatua de 1919 del monasterio Stella Maris de Haifa. Llegó a Ahmadi el 1 de mayo de 1948 y comenzó a recibir culto público ese mismo año, gracias al impulso del padre Teófano Ubaldo Stella, primer prefecto apostólico de Kuwait. El crecimiento de la devoción llevó pronto a encargar una nueva imagen: una estatua tallada en cedro del Líbano, bendecida personalmente por el papa Pío XII el 17 de diciembre de 1949. Su llegada a Kuwait, el 6 de enero de 1950, fue recibida con enorme alegría.
El vínculo entre esta advocación y la Santa Sede se fortaleció en los años siguientes. En 1956, Pío XII envió al santuario de Ahmadi un cirio especial utilizado en la Candelaria. Y en 1957, mediante el decreto Regnum Mariae, declaró oficialmente a Nuestra Señora de Arabia patrona principal del Vicariato Apostólico de Kuwait. La devoción alcanzó un momento culminante en 1960, cuando se celebró el décimo aniversario de la llegada de la estatua. Los fieles ofrecieron joyas y donativos para confeccionar dos coronas de oro adornadas con piedras preciosas y perlas del Golfo. San Juan XXIII delegó en el cardenal Valerian Gracias la coronación solemne, que tuvo lugar tras una misa pontifical en Ahmadi.
Décadas después, el obispo Camillo Ballin impulsó una renovación profunda de esta identidad mariana. Bajo su guía, la estatua fue coronada canónicamente en 2011, en una ceremonia presidida por el cardenal Antonio Cañizares en nombre de Benedicto XVI. Ese mismo año, el Papa aprobó el patrocinio de Nuestra Señora de Arabia para todo el Golfo Arábigo, abarcando los vicariatos de Kuwait y Arabia, más tarde reorganizados en Arabia del Norte y Arabia del Sur. Ballin también promovió la construcción de la catedral de Nuestra Señora de Arabia en Baréin, consagrada en 2021.
Sobre este legado trabaja hoy el obispo Aldo Berardi. En 2025, supervisó la elevación del santuario de Ahmadi —donde se conserva la estatua original— a la categoría de basílica menor. Para él, la permanencia de una imagen mariana durante más de 75 años en el corazón de la Península Arábiga es un hecho extraordinario, especialmente en un contexto donde las expresiones visibles de fe suelen ser limitadas. Su presencia constante, afirma, es signo de la protección de María y de la fidelidad de una Iglesia que vive su misión con humildad.
La solemnidad de Nuestra Señora de Arabia, celebrada cada año el sábado posterior al Bautismo del Señor, recuerda precisamente esa historia de fe silenciosa. En una región marcada por la diversidad cultural y religiosa, su imagen se ha convertido en un punto de encuentro para miles de católicos que trabajan y viven lejos de sus países de origen. Para muchos, es un faro que acompaña sus desafíos cotidianos y un recordatorio de que la Madre de Dios camina con ellos incluso en tierras donde la fe se expresa con discreción.
Hoy, esta devoción continúa creciendo, sostenida por la oración de millones de fieles y por la labor pastoral de quienes han custodiado su historia. En el Golfo, Nuestra Señora de Arabia sigue siendo un signo luminoso del corazón mariano de la Iglesia.