Esta web usa cookies operativas propias que tienen una pura finalidad funcional y cookies de terceros (tipo analytics) que permiten conocer sus hábitos de navegación para darle mejores servicios de información. Si continuas navegando, aceptas su uso. Puedes cambiar la configuración, desactivarlas u obtener más información.

Gelsomino del Guercio - publicado el 11/05/22

Hacia los altares la jovencísima Anfrosina Berardi, fallecida a los 13 años tras grandes sufrimientos y una vida de contemplación. Afirmaba tener contacto continuo y directo con la Virgen

La niña de L’Aquila (Italia) Anfronsina Berardi murió en 1933 a los 13 años a causa de una grave enfermedad. Su historia causó sensación en aquellos años.

Anfronsina tenía mucha fe y se había abandonado a Dios. Amaba especialmente a la Virgen y sostenía que hablaba interiormente con ella.

El papa Francisco la declaró «venerable» el 24 de abril de 2021, dándose así un paso más en su proceso de beatificación.

El Rosario y la catequesis

La Sierva de Dios, se lee en la web de la diócesis de L’Aquila, nació el 6 de diciembre de 1920 en San Marco di Preturo (L’Aquila, Italia), en el seno de una familia campesina.

Su madre la educó en la oración, el rezo del Rosario y la piedadcristiana.

A los siete años empezó a asistir a la escuela primaria del pueblo y a la catequesis en la parroquia.

La enfermedad

Hacia fines de abril de 1931, la Sierva de Dios comenzó a sentir los primeros síntomas de su larga y dolorosa enfermedad: apendicitis, con fuertes dolores abdominales.

El 10 de mayo ingresó en el hospital de L’Aquila y la operaron cuatro días después.

La cirugía no logró el efecto deseado y el dolor, después de un corto período, comenzó a aumentar.

Los familiares intentaron otros medios para curar la salud de la pequeña Anfrosina. El hermano mayor decidió llevarla a Roma.

La Primera Comunión

Desafortunadamente fue un intento en vano y después de algunos meses, Anfrosina regresó a casa.

En las radiografías a las que fue sometida se observaba que se estaba verificando una obstrucción intestinal progresiva, de proporciones tales que se desaconsejaba cualquier otra intervención quirúrgica.

A fines de 1931, su hermano la llevó de nuevo a Roma y, para no hacerle perder el año escolar, la inscribió en la escuela romana »Dante Alighieri».

También esta vez, la enfermedad se fue acentuando progresivamente y la Sierva de Dios tuvo que regresar a su ciudad natal.

El 13 de octubre de 1932, con motivo de la visita canónica del obispo, recibió la Primera Comunión y el sacramento de la Confirmación.

Anfrosina Berardi y el rostro de María

Pasó los últimos cinco meses de su vida siempre en casa y constantemente en cama, abrumada por el sufrimiento.

Comulgaba en casa de manos del párroco del pueblo. A menudo la embelesaba una profunda contemplación del rostro de María.

Murió en San Marco di Preturo (Italia) el 13 de marzo de 1933, a la edad de 13 años, rodeada de familiares, conocidos, del párroco y una gran multitud.

Sonriendo hasta la muerte

La Sierva de Dios vivió un total abandono en las manos de Dios y una profunda vida de oración, en constante e íntima comunión con el Señor.

Todas sus acciones siempre habían estado dirigidas al cumplimiento de la voluntad divina. Dedicaba sus momentos libres a la oración.

Mediante el ejercicio heroico de la fe, superó diversas dificultades, especialmente las relacionadas con la enfermedad.

La muerte preanunciada

Anfrosina Berardi manifestó una inmensa devoción a la Santísima Virgen, hasta el punto de tener con ella íntimas y misteriosas conversaciones. A veces se la veía absorta en conversar con presencias invisibles.

Cuando se recuperó dijo, con toda sencillez, que Nuestra Señora había venido a verla para revelarle algunas cosas.

A finales de febrero anunció a sus seres queridos: «El 2 de marzo a las 2 de la mañana iré al Cielo. Nuestra Señora me ha dicho que vendrá a llevarme«.

Los hermanos y muchas otras personas, incluidos sus compañeros de clase, corrieron hacia ella, que los invitaba a no llorar.

La última conversación con la Virgen

A la hora señalada, tuvo una nueva “conversación”, al final de la cual afirmó que Nuestra Señora le había permitido quedarse a sufrir un poco más y que el día de su muerte le sería anunciado por el alma de su tío Serafín.

Ante la incredulidad de los presentes, la niña afirmó que la Virgen le había dado un beso en la frente.

En los días que le quedaban de vida, siguió recibiendo visitas y despidió a todos con un saludo: “Que la Virgen los acompañe” (santiebeati.it).